¿Cómo saber si padeces de vaginismo?


Repentinamente, un día mis relaciones sexuales comenzaron a ser un problema. Sin saber cómo ni por qué, la penetración me duele tanto que debo decirle a mi pareja que no puedo continuar. La cosa es que nunca antes me había ocurrido esto. ¿Estaré enferma? ¿Podré volver a disfrutar del sexo como antes? ¿Qué pensará mi pareja de mí?

El vaginismo es un gran desconocido. La creencia común es pensar que se tiene alguna enfermedad física cuando se vive por primera vez y, más adelante, si no se evalúa y se trata correctamente, comienza a producirse la sensación de que algo psicológico nos ocurre. Sin embargo, este problema de salud no es causado voluntariamente y no es culpa de la mujer. Para comenzar, debemos saber que el vaginismo es una contracción que los músculos de la vagina producen de forma involuntaria y que impide la penetración e, incluso, las exploraciones médicas.

Las causas del vaginismo son múltiples

El vaginismo no tiene una sola causa: es una combinación de factores físicos y psicológicos, con gran importancia en la ansiedad de anticiparse al dolor.

Ante cualquier situación de amenaza, nuestro cuerpo se pone tenso. Por ejemplo, ante un golpe, reaccionamos encogiéndolo o nos resulta aterrador coger de nuevo el coche tras un accidente. Los mecanismos de nuestras respuestas ante el dolor o la ansiedad son siempre evitarlos. La misma reacción inconsciente hace que se contraigan los músculos de la vagina y, al hacerlo, aumenta el dolor en la penetración. Vamos a ver los principales síntomas del vaginismo.

Los síntomas del vaginismo se pueden enumerar de forma sencilla:

– Ardor, picor o escozor antes, durante o después de las relaciones sexuales.

– Dolor vaginal en la penetración. Puede llegar a ser también doloroso o difícil insertar un tampón.

– Malestar ante las relaciones sexuales.

– Incapacidad para experimentar el orgasmo por sensación de dolor o miedo al mismo.

Sin embargo, pese al impacto emocional inicial, el vaginismo tiene tratamiento y este es sencillo y muy efectivo, sin cirugías, llegando casi a alcanzar un 100% de mejorías.

Para afrontarlo desde el comienzo, lo más adecuado es ir a un especialista que evalúe e nuestro caso y lo diagnostique correctamente. Una vez descartada cualquier otra enfermedad y asegurado este diagnóstico, podremos actuar.

Terapia recomendada

Cuando sabemos qué nos ocurre, qué podemos hacer y cómo hacerlo, nuestra sensación de control aumenta y la ansiedad disminuye. Esto, en sí mismo, es un gran paso para mejorar o curar el vaginismo.

Tratamiento

En el tratamiento se combinan las intervenciones psicológicas con las técnicas y ejercicios de control de los músculos de la vagina (suelo pélvico). Para ello, intervienen el ginecólogo, el fisioterapeuta y el psicólogo. Cada caso tendrá su propio tratamiento, pero en líneas generales consiste en:

– Evaluar los factores psicológicos de la persona y de la relación de pareja, procurando que el otro miembro de la pareja se implique en el tratamiento.

– Comprometerse a continuar el tratamiento en casa para conseguir el éxito completo.

– Conocer nuestros músculos del suelo pélvico y realizar técnicas de relajación-contracción de los músculos vaginales.

– Practicar técnicas de inserción-dilatación vaginal gradual.

Con ayuda profesional y tu propio esfuerzo, tus relaciones sexuales serán de nuevo completamente satisfactorias.